Aguardaban en la entrada cientos de mujeres hermosas que a simple vista se notaba que habían pasado unas cuantas horas frente al espejo y habían paseado por las tiendas de las mejores marcas de Buenos Aires para estar a la moda. No está mal. El envase es lo más importante cuando el contenido es nulo. Entre tantas caras bonitas se perdían algunas remeras de la quema, y la gente de siempre.
Entre invitados, qaballeros, noblistas y todas las razas que se les puedan ocurrir, 1757 personas iban a disfrutar el sábado a la noche de un recital que había despertado mucha expectativa. La gente se iba a encontrar cara a cara con un nuevo Iván Noble que, a mi particularmente, no me disgusta para nada. Él dejó de ser un rockstar para convertirse, al fin, en lo que quería, más alla de los prejuicios y las críticas: un songwriter. Y ese título no le queda nada mal si tenemos en cuenta que escribir es la mejor virtud artística del ex Caballeros de la Quema.
Mi ansiedad y expectativa era similar a la que tenía días antes de comprar Intemperie. Sabía que iba a ser un cd distinto y varios mostrábamos disconformidad incluso antes de escucharlo. Hoy por hoy, mentiría si digo que fue el peor trabajo discográfico de Noble, por el contrario... me conquistó a primera vista o, mejor dicho, a primer oído.
Se apagaron las luces en la sala del Teatro Coliseo y empezaron los alaridos femeninos mientras sonaban los primero acordes de Y qué más da. Noble vestía como en casi todos los medios desde que promociona Intemperie: jean, remera azul y sus all star, esta vez rojas. Y empezó con mucho éxito la recorrida por Intemperie y algunos temas de sus anteriores trabajos. Esta vez quedaban atrás las críticas de los diarios para que juzguen los fans, y aprobaron con coros y aplausos. Pero llegó entre tanto romance la primer ovación de la noche cuando salió al escenario del Teatro Coliseo Pablo Guerra (ex guitarrista de Los Caballeros de la Quema) a quien Noble presentó como un "compañero de ruta", una expresión que dejó asomar su ex pasado rocker. Con el resto de la banda acompañando muy bien, ese se convirtió en uno de los momentos más nostálgicos de la noche mientras sonaba Causas Perdidas y los ex compañeros de banda recordaban que "fueron tiempos deliciosos...". Y algunos empezaron a pedir la vuelta en el teatro, incluso Guerra, que llavaba una remera que de la gente de www.delaquema.com.ar que rogaba "no te olvides de volver".
Mariano Otero fue el segundo invitado de la noche y quien obligó a guardar silencio a todo el público para deleitarnos con su contrabajo en Lágrimas de Cabernet y Buena Suerte (el cover que formó parte del compilado Calamaro Querido). Las manos se quemaban de tanto aplaudir y fue, sin dudas, el más ovacionado de la noche.
La tercera persona que pasó por el escenario del Coliseo junto a Noble fue la voz femenina del tango nacional: Adriana Varela; con una entrada que tuvo mucho más que ver con Luces de Bar que con Decime que anoche nunca existió, "ella entró como de ninguna parte...". Después, sentados en un sillón, Noble se dio un gusto y se animó a cantar el tango Gil, no estuvo nada mal, al público le gustó.
En medio de todos estos invitados sonó casi en su totalidad Intemperie (sólo faltó No retiro lo dicho), y repasó algunos temas de sus trabajos anteriores como A pan y agua, Como el cangrejo y Un minuto antes de dejar de quererte, entre otros. Esos temas y los clásicos qaballeros como Otro jueves Cobarde, Sapo de Otro pozo y Hasta estallar, marcaron los momentos más pasionales de la noche con el público con la temperatura al máximo y pegados al escenario en la platea y arriba de las butacas en los pullman. Guerra volvió a aportar una enorme cuota de la quema e hizo delirar al público nostálgico que mostró su apoyo incondicional al guitarrista.
La despedida estuvo a cargo del clásico noblista Otro vaso y me voy, que bien podría haberse llamado Otro beso y me voy, porque de repente arriba del escenario una manada de mujeres en celo rodeaban a Noble, y lo llenaban de besos. Seguro eran las mismas que no dejaron de gritarle en todo el recital "Iván te quiero", como si se tratara de uno de esos galancitos melódicos. No me gustó esa imagen. Creo que al él tampoco, porque escapó como pudo del escenario cuando vio que cada vez eran más. Y el final del recital se sintió incompleto para quienes mirábamos desde otro lado lo que pasaba.
Quedó claro que este hombre ya no es el chico de Castelar, ahora es el señor de Palermo. Pero la apariencia, el público y las cosas superficiales son lo de menos cuando el músico nos sigue regalando historias maravillosas en cada canción.
Y mientras los proyectos de modelos que coparon el Coliseo se retiraban una por una despechadas porque Iván no las invitó a dormir a su cama después de tantas horas frente al espejo, el songwriter salió del teatro con Benito en brazos, orgulloso de su presente y de haber dejado de "salir a revisar los bolsillos de la noche".
Aprobado.
Foto: www.lanacion.com.ar

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